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Importancia de Vivir: Segunda Era.

Para los asistentes a Pantalla en Blanco 2.

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Ya el sólo cambio de banda de culto, desde Los Prisioneros a Los Tres La Ley, revela lo light, superficial e incoherente de la década. Pero eso sólo lo descubriría hacia mediados de la década. Parecía que sí habíamos vuelto a la Democracia, parecía que sí íbamos a Desarrollarnos, pero NO, mejor NO hablar de ciertas cosas. Luca Prodán dixit.

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Ambigüedad que se transformó en ambivalencia y que desembocó en contradicción interna, como generación, porque algunos simplemente dieron vuelta la página, sin reflexión alguna, mientras que otros, muy pocos, solicitábamos, sin suerte, una reflexión acerca del “proyecto país”, porque veíamos que algunas cosas NO cuadraban en la famosa Vía al Desarrollo. Pero, especialmente, en el copamiento de las “magistraturas” por parte de la misma gente previa al ’73, simbolizado por Aylwin y Jarpa.

Para el sentir de varios, era como haber premiado a la gente que dejó la cagada, tanto de izquierda como derecha. Pero conversando con mi padre, me di cuenta que NO era el único en sentir esa profunda e inevitable incomodidad. De ser gobernados por ellos, ante la ausencia de una real ciudadanía, capaz de elegir otros representantes. Por ejemplo yo.

Recién cumplí los 18 años en 1991, por lo que mi primera elección fue la de alcaldes y concejales de 1992, cosa que ya me olía mal, dado el retraso entre la elección presidencial y ésa. Fui súper entusiasmado, volvíamos a la Democracia y todo. Soy un intelectual que ya a los 15 años leía la República de Platón. Así que mi idealismo estaba en su máxima expresión, porque durante 1991 había asistido a Filosofía en la UCV, donde fracasé estrepitosamente, porque una cosa es ser de los mejores en el liceo y otra distinta es la Universidad, con sus múltiples exigencias y tentaciones. En fin.

Tan entusiasmado estaba por participar en dicha elección que la emoción me hizo despertar como a las 8, cosa rara en mí. Mi padre me dijo que no fuese tan temprano, porque podrían dejarme de vocal de mesa. Lejos de frenarme, me motivó aún más, porque quería “ver por dentro” la famosa Democracia, el mejor sistema del Mundo. Así fue, había una larga fila de marinos que me hicieron pasar adelante, porque ellos NO podían quedarse a ser vocal y faltaba uno. Al llegar a la entrada a la sala de la escuela básica del Cerro Lecheros, justo estaba el Director de esa época, conocido de nuestra familia, porque su hija y mi hermana eran mejores amigas. Me vio y se alegró, sabía que su problema estaba resuelto. El otro hombre era un obrero de la construcción que venía saliendo del turno de la noche y tuvo la buena idea de pasar a votar, para poder irse a dormir tranquilo. Me dio pena que tuviese que sacrificar su descanso, pero sentí que eso lo ennoblecía por su sacrificio a la Patria. Ese nivel de idealismo.

Lo único que pedí al Director fue llamar a la casa de mis padres, para avisarles que me quedaría a ser vocal y me enviasen el almuerzo. Muy amablemente, el Director accedió, por su puesto, pero sepa que es una excepción sólo por ser usted y su familia conocidos míos. Le di las gracias, sabía que a las 2 de la tarde me daría mucha hambre con tanto ajetreo. Pero al llegar esa hora, era tanta la adrenalina que NO sentía cansancio y muy poco apetito. Convidé parte de mi almuerzo con el noble obrero de la construcción.

El Mercurio de Valparaíso se enteró que a dos personas habían reclutado y fue a entrevistarnos y fotografiarnos. Todo era una real fiesta, tal como había visto en los spots de La Alegría ya viene. Por una mañana y una tarde así lo creí, fervientemente. Mi familia me llevó comida, que se sumó a una colación. Se oía música por los parlantes de la escuela. Era un día soleado, así que el albañil se sentó a cabecear un rato por la tibieza del sol de la tarde. Vino un candidato a concejal independiente por el sector de Placilla, NO tengo idea por qué votaba ahí. Cosa rara. Todo iba bien, perfecto para mí, joven de 19 años, absolutamente virgen en política. Votaron como 205 personas en la mesa que me tocó. En otras mesas votaron incluso 220-230 personas, de un padrón de 300 en cada libro. Eso me llenó de emoción, porque significaba que más de 2/3 de la gente venía a votar, demostrando que la Democracia Sí funcionaba, porque era importante para mucha gente, a pesar del dicho, ya popular en ese entonces: La Política es Cochina.

El Desengaño vino a la hora del conteo de los votos. Comenzó a repetirse demasiadas veces el mismo apellido: Pinto. Eso me sonó raro al comienzo, ya que durante largos minutos sólo sonaba su nombre. Al final del conteo, obtuvo como 190 o poco más de los votos. Como éramos primerizos, demoramos más que las otras 2 ó 3 mesas que habían en la sala de aquella escuela, justo arriba de la casa de mi padre. Con un presentimiento me aparté del grupo de los viejos que sabían cómo hacer el resto del embalaje y me di una vuelta por la sala, para ver los papelógrafos donde estaban los conteos de las otras mesas. En ellas la votación había sido aún mayor. en la de 220 eran más de 200, casi 210, los votos para Pinto. Ahí el presentimiento se transformó en una muy mala sensación.

Sin saber nada de estadística, encontré muy anómalos esos resultados. NO podía ser que 200 personas de 220 se pusieran de acuerdo en lo mismo, observando cómo en clases era IMPOSIBLE poner de acuerdo a 40 personas. Algo NO me cuadraba. El obrero de la construcción se me acercó y me preguntó qué estaba mirando. Le dije: Los resultados. ël preguntó: ¿Por qué? Respondí: Me parece raro que tanta gente vote por el mismo candidato. NO sé, pero encuentro mal que así sea. NO hay diversidad. Esperaba una elección más estrecha. NO sé, algo de competencia. El hombre dijo: Sí, mucha gente votó por él. Estaba atardeciendo. NO sé qué hora era. Pero vivía arriba, en Rodelillo debía llegar antes que se pusiera peligroso. Nos despedimos.

Me quedé un ratito mirando la sala y después la noche, mientras caminaba por los pasillos de la Escuela Juan de Saavedra del Cerro Lecheros (creí tener una foto de ella, pero la perdí en el otro compu), Valparaíso, con una mala sensación en el estómago y una especie de mareo en la cabeza, de que la Democracia chilena NO estaba funcionando bien, que NO era lo prometido en las clases de educación cívica en el Liceo ni lo debatido en las cátedras y charlas universitarias. Pero NO porque el sistema fuese malo o lo manipulasen, la votación NO fue intervenida para nada, sino que la misma sociedad era demasiado homogénea, cerrada a la variedad, a la famosa Pluralidad que decían que caracteriza toda Democracia.

Paréntesis: Lo irónico de todo esto es que 5 años después me integré al Taller Poético de la Casa de la Juventud, a un costado del Rodoviario de Valpo, como parte de la Oficina Municipal de la Juventud, durante el segundo período del mismo alcalde. Para buscar pareja, ya que el sabio consejo de mi padre había sido: Debes buscar una mujer que comparta tus mismos gustos e intereses. Era la conclusión lógica tras el deprimente fracaso de mi primer pololeo. Entonces, pensé: ¿Qué es lo que más me gusta? La Cultura, La Poesía. Así que ahí fui y sí, tenía razón mi padre. Ahí la conocí, pero esa es otra historia. Al siguiente año, 1998, el alcalde, en un alarde de metas cumplidas, decidió financiar la publicación de una antología con textos de los 23 escritorzuelos que pululábamos por ahí, aunque sólo 10 éramos los estables. Hasta el día de hoy es el único libro en el cual aparecemos ella y yo. Fueron 100 ejemplares. Fin del paréntesis.

Conversando con mi padre, acerca de esa mala sensación, porque le conté mi extrañeza por esa votación en masa, encontré la respuesta: EL problema es que la sociedad era un rebaño. ¿Qué sentido tiene una Democracia en una sociedad rebaño? Mi padre me dijo algo como: La gente NO piensa por sí misma, sino que se deja mandar por el miedo. El miedo a los comunistas, primero; luego el miedo a que gane la Derecha, y, los de Derecha tenían miedo a la Revancha de la Izquierda. Pensé: “Puro miedo por todas partes. Así NO se llega a ni una parte buena”. En mi ingenuidad, NO sentía miedo alguno, sino que el Mundo estaba abierto de par en par. Qué ingenuo he sido toda mi vida.

Después me interesé por los debates políticos y ahí apareció el leit motiv de los ’90s: Votemos para evitar que la Derecha gane y vuelva a tener el Poder. Evitemos el doblaje, en la elecciones al Congreso. Es cierto, eso le daba a las elecciones un cierto “aire épico”, que entroncaba con el Plebiscito del ’88, pero yo ya estaba dudoso de todo.

En 1991, como estudiantes de Filosofía, participamos en la primera movilización estudiantil en democracia, allá por abril. En el cartel que elaboraron los que sabían dibujar, junto con los bustos de filósofos clásicos, como Sócrates y frases en helénico, había una demanda: Educación Gratuita, como lo era antes de la Dictadura. NO lo sabía, impactándome cuando me lo contaron. Eso me llevó a preguntarme que, dado que “volvíamos” a la Democracia, ¿por qué NO volvíamos de inmediato a la gratuidad, como una de las primeras reformas? Así Debía Ser la Educación en Democracia: Gratuita para todo aquel que demostrase talento o esfuerzo en ella y sirviese al Desarrollo del país.

Años después supe que esa suma de talento y esfuerzo la llamaban Meritocracia, pero demostró ser otra de las tantas mentiras. Ese cartel lo conservé por muchos años, hasta perderlo en una de las tantas mudanzas que he tenido a partir de 1999. Era hermoso y me dejaron conservarlo por ser el más chico del curso y el más motivado. Casi todos venían de otras carreras, incluso había uno con 30 años, teniendo yo 17 años y 9 meses al entrar.

Cuando pregunté, me contaron que la habían transformado en un negocio, como todo lo demás durante las privatizaciones. Ahí entendí por qué cobraban tanto (¿habrá sido el 20% de lo que cobran ahora por una pedagogía?) y que teníamos que hacer trámites para el famoso Crédito Universitario, que era como un Crédito Hipotecario por todos los papeles que pedían y que sólo obtuve el 50% del año, algo así como $300.000 que tramité durante décadas, por mis muy bajos ingresos, hasta que olvidé tramitarlo un año y me lo cobraron. Justo Piñera 1 lanzó la repactación, así que aún lo pago en cómodas cuotas anuales, de las cuales me faltan 1 ó 2.

Para más remate, mi padre había sido testigo de la industrialización chilena durante los sesentas y vio cómo la desmontaron en los ochentas y noventas Mi pasión por la Historia me había permitido entender que la industrialización es lo que hizo que ciertos países fuesen desarrollados y como eso NO estaba sucediendo en Chile, jamás seríamos desarrollados.

DIGRESIÓN 2020: ¿Por qué, me pregunto, mienten descaradamente, diciendo que estamos en vías de desarrollo cuando NO lo estamos hace 45 años, sino todo lo contrario, seguimos monodependientes de la exportación de una materia prima en el menor estado de procesamiento posible? Mientras NO se fabrique, en forma masiva, tecnología de punta, el país NO puede llamarse DESARROLLADO. Eso es lo que hizo Japón, Korea del Sur, Singapur y ahora último, China. ¿Por qué Chile NO?

Con toda esa carga de contradicciones en el Sistema, el resultado de esa elección municipal fue el balde de agua fría a mi ingenuo idealismo y confianza en que todo estaba mejorando, como decían en la tele. Sabía que habían cosas que NO estaban mejorando, incluso estaban empeorando, como la capacidad de Pensar y por sí mismo. La falta de Pluralidad fue la decepción con el pueblo mismo, ya que de la autoridad NO podía esperarse más, dados los pactos secretos con la Derecha y esa cultura tras bambalinas de la Concertación, que después se conocería como “El Partido del Orden”.

Ahí entendí y odié la famosa frase de Aylwin: “En la medida de lo posible”. Esa medida hacía imposible mejorar. Cuando vine a comprenderlo, en 2003, porque mi ingenuidad NO había muerto del todo y le creí a Lagos su “Crecer con Igualdad”. Con el Mop-Gate comprendí que siempre había sido parte de lo mismo y que nada cambiaría. Ahí mi depresión post 1999 se agravó. El horizonte se oscureció en la NO industrialización de Chile y en la idiotización de la gente, con la cual NO se podía hablar de temas complejos y mucho menos de política. Si ya me había deprimido la homogeneización de los ’90s, la década del 2000 era una lobotomía prefrontal.

¿Qué habrá sido de aquel obrero de la construcción? Habría que investigar en los archivos históricos de El Mercurio de Valparaíso del día siguiente, donde apareció nuestra fotografía, con la cara mirando los votos en la mesa, por lo que sólo nos reconoceríamos por silueta o suerte. El periodista dijo que hiciéramos como que trabajamos, NO quería “pose”. Por la entrevista quedaron nuestros nombres.

Lo tierno es que mi bisabuela paterna compró ese diario y lo llevó a una reunión familiar, donde se lo restregó al abuelo diciéndole: Mira la fotografía. Él sí es un verdadero ciudadano, NO como tú. Que ella, fundadora de una mutual de costureras a principios de siglo dijera esa frase a su propio hijo, dirigente sindical nacional de EFE, es uno de los mejores y más impactantes recuerdos de mi vida. Que ambos descansen en paz. Ya me bajó la pena. Fin.

Nota personal: Tengo talento, pero me falta concentración, déficit atencional, soy demasiado emocional, Poeta. Cuando niño decían que si pasaba una mosca volando, la seguiría con la mirada. NO era por la mosca, sino porque se me había ocurrido algo más apasionante que lo que decía el profesor. Entre ocurrencia y ocurrencia, se me pasó la vida. Me hizo falta un tutor que me mantuviese derecho como a los árboles jóvenes. Esa persona la conocería en 1997, pero esa es otra historia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Hern%C3%A1n_Pinto

La Sensación rara de esa noche, sólo se vio confirmada, 1 década después.

https://www.radioagricultura.cl/nacional/2020/07/04/exalcalde-de-valparaiso-hernan-pinto-fue-internado-en-la-uci-por-pulmonia-severa.html

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La única imagen que encontré de esa época. El bus rojo era de la línea Cerro Barón. El funicular del fondo era el famoso Ascensor Los Lecheros, ya citado en la novela Hijo de Ladrón, de Manuel Rojas. Erro era la panadería del barrio. Alcanzó a abrir una sucursal en la Avda. Argentina a fines de los noventas, pero cerró, después de NO sé cuántas décadas acompañando al vida del barrio, hace dos años. A pesar de NO ir a comprar pan ahí en años, me dolió. Hace unos días encontré una boleta de ella fechada en 2018 y me sorprendió. La pandemia ha despertado toda la Nostalgia por ese tiempo en que la vida de barrio era cálida y yo era un joven cuya única preocupación era estudiar y escribir poemas. Sigo escribiendo poemas, pero NO pude terminar de estudiar Historia, el dolor de mi vida.