Seleccionar página

La Pregunta es: ¿Por qué y cómo llegamos a esto?

https://www.cnnchile.com/lodijeronencnn/columna-de-daniel-matamala-el-pacto_20191020/

La Primera, la que tomaré en serio.

Columna de Daniel Matamala: El pacto

«Esto es, en simple, un rebaraje del poder. Significa que la clase dirigente ceda privilegios en beneficio de la ciudadanía. En una democracia plena, esos privilegios se mantienen a raya. No porque la élite no quiera tenerlos, sino porque la presión ciudadana obliga a la prudencia», escribe el conductor de CNN Chile.

Escribo bajo toque de queda. Es 2019 y escribo bajo toque de queda.

Una palabra de otra época, de un Chile que creíamos haber dejado atrás para siempre.

La última vez que los militares patrullaron el Santiago en toque de queda fue en 1987. Luego llegaría el plebiscito y un pacto de transición: habría democracia, pero gradual. Se mantendría el sistema económico, pero con más gasto social. ¿Habría justicia? Tal vez, en la medida de lo posible.

Ese fue el viejo pacto. Y dio resultados. La democracia se consolidó, pasito a pasito. La violencia remitió. El país creció y millones de personas dejaron la pobreza. Chile se convirtió en un país de clase media, se modernizaron las costumbres y se masificó el consumo. Pero también persistió la crónica desigualdad, la política fue colonizada por el poder económico y se alejó de la gente, y la crisis de confianza fue minando una a una las instituciones.

El edificio comenzó a crujir hace mucho. Las protestas estudiantiles de 2006 y 2011 revelaron la fatiga estructural. Las regiones, que habían quedado fuera, golpearon la puerta: Aysén, Magallanes, Freirina, Chiloé…

Las quejas que más se repiten en estos días de furia, más allá del alza del Metro, son todas viejas cicatrices: la educación desigual, las pensiones de hambre, la humillante atención de salud, las corrupciones y las colusiones.

La brecha entre el discurso oficial y la vida cotidiana se ha vuelto un abismo. El orgulloso país que se apresta a recibir las cumbres de APEC y COP25 es al mismo tiempo una nación más desigual que Guatemala o Nicaragua. El Chile que insiste en estar a las puertas del desarrollo es un país en que apenas el 13% del quintil más pobre confía en que “tendrá atención médica oportuna” y en que, según la prueba Pisa, nuestros niños de escuelas municipales tienen la calidad de vida de México; los de colegios subvencionados, la de Portugal; y los de particulares pagados, la de Finlandia.

Presumimos (¡y con razón!) del desarrollo de la energía solar que descontamina y abarata costos, pero al mismo tiempo las cuentas de la luz de los hogares chilenos han subido 19,7% este año. Una de las causas del desfase es que las distribuidoras eléctricas tienen una fabulosa rentabilidad garantizada por ley del 10%.

Las autoridades económicas bromean sobre el costo de la vida, mientras la mitad de los trabajadores chilenos gana apenas 400 mil pesos o menos cada mes, y el precio de las viviendas en Santiago aumenta hasta 150% en la última década.

Los parlamentarios se niegan a discutir su dieta, que equivale a 33 veces el sueldo mínimo, contra 5 veces en Francia, Alemania y España, o 3 veces en Suecia, Nueva Zelandia y Noruega.

Mientras se junta esta bronca, el gobierno centra el debate legislativo en una reforma que rebaja impuestos personales a los más ricos, y otra que hace retoques al sistema de pensiones. La oposición (las oposiciones, mejor dicho) no ofrecen alternativas creíbles y la anomia social tampoco deja en pie a estructuras intermedias que puedan llenar el vacío.

La única institución de prestigio hoy en Chile son los Bomberos. Precisamente los que, en estas noches de violencia extrema y vandalismo irracional, intentan luchar contra los múltiples incendios que cubren de humo la ciudad.

La olla de presión ha explotado. ¿Y ahora, qué?

Lo primero es reconocer lo obvio: el viejo pacto ya no sirve. Sí, la impericia de La Moneda en manejar la crisis ha sido desoladora, pero sus causas superan con mucho a este gobierno.

Una crisis enorme es también una oportunidad enorme. Se acabaron las frivolidades y las pequeñeces. Tras este remezón terrible, todos estarán de acuerdo en que es el momento de construir un nuevo pacto social, uno que derribe murallas, venza desconfianzas y aúne intereses.

El primer paso es reconocernos como iguales. Por mucho tiempo, la élite ha visto la solidaridad no como un tema de derechos, sino como uno de caridad. O sea, en palabras del connotado filántropo Ismael Valdés Vergara, “el acto de dar sin que el que recibe tenga derecho a exigir”.

“Muchos compatriotas ya no pueden esperar y los que podemos tendremos que ayudar a pagar la cuenta”, escribió este sábado Andrónico Luksic. Hay ahí una toma de conciencia que es clave. Una fortuna construida sobre un avispero social es una fortuna insegura. Los problemas urgentes de los chilenos requieren un rebalance tributario, y si otros como Luksic entienden que está en su propio interés “ayudar a pagar la cuenta”, pueden convertirse en parte de la solución.

También las reglas del juego deben reescribirse. No hace mucho, un movimiento ciudadano propuso una Asamblea Constituyente y llevó su pedido a las papeletas de voto. El gobierno anterior lo tomó tarde y mal, con un proceso constituyente carente de convicción. Ese fue un movimiento pacífico y constructivo, que fue desestimado sin más por la dirigencia política, pero cuyo sentido toma mucha fuerza hoy: ante la anomia, participación ciudadana; ante el derrumbe del viejo pacto, la construcción participativa de uno nuevo.

Esto es, en simple, un rebaraje del poder. Significa que la clase dirigente ceda privilegios en beneficio de la ciudadanía. En una democracia plena, esos privilegios se mantienen a raya. No porque la élite no quiera tenerlos, sino porque la presión ciudadana obliga a la prudencia. No es casualidad que el índice de las mejores democracias del mundo según The Economist coincida con países de baja desigualdad, alta confianza social, instituciones robustas y dietas parlamentarias bajas.

En suma, países donde unos no aplastan a otros. Países en que el pacto social funciona.

Esa es la esperanza en estas noches terribles: que sirvan para tomar conciencia de la necesidad de resetear nuestra convivencia. Que a la noche de toque de queda siga el día cero en que, desde las cenizas, empecemos a levantar un nuevo y legítimo pacto social.

Mi Comentario:

TODAS ESTAS LINDAS PALABRAS SON INÚTILES, PUESTO QUE LA APROBACIÓN DEL TPP11, DEBIÓ OCURRIR MIENTRAS INCENDIABAN EL EDIFICIO DE ENEL (EMPRESA EN SERIOS PROBLEMAS ECONÓMICOS POR FRACASO EN INVERSIÓN EN BRASIL Y MUY PROBABLE ESTAFA A INVERSIONISTAS CHILENOS) DONDE EL HERMANO DEL MINISTRO DEL INTERIOR ES GERENTE, PARA DESVIAR LA ATENCIÓN DE ESTA CRUCIAL DECISIÓN DE AUTOESCLAVITUD SOCIAL.

UN TRATADO QUE NIEGA LA POTESTAD DE HACER «POLÍTICA PÚBLICA PRO DESARROLLO», COMO INSTAURAR UN AUTÉNTICO ROYALTY A LA MINERÍA, ES EL EUFEMISMO DE ESCLAVITUD. UN TRATADO QUE NIEGA LA LIBRE DISTRIBUICIÓN DE MEDICAMENTOS GENÉRICOS, ES EUFEMISMO DE ESCLAVITUD.

LA GENTE ESTALLÓ PORQUE NO SOPORTÓ MÁS ESCLAVITUD.

¿RESULTADO DE SU ACCIÓN?

¡TODOS SEREMOS AÚN MÁS ESCLAVOS HASTA QUE SE ACABE EL MUNDO!

Las cosas por su nombre REAL, NO por el eufemismo “políticamente correcto”.

TODO “PACTO SOCIAL” ES EUFEMISMO DE CONTRATO DE COMPRA-VENTA DE CARNE.

¿QUÉ SE COMPRA? TU VIDA.

¿QUIÉN LA COMPRA? LA ELITE.

¿A QUÉ PRECIO? ¡DE HUEVO(n)!

¿En qué te convierte ponerle precio a tu carne? ¡Sí! En eso.

Hace 16 años me di cuenta cómo nos TRAICIONARON.

La “otra” columna, «nunca quedas mal con nadie»

Columna de Daniel Matamala: La ciudad de la furia

«Desde el poder se cataloga de “delincuente” a quien evade un pasaje de 830 pesos, pero jamás se ocupará tamaña palabra para referirse a Délano y Lavín, quienes evadieron impuestos por 857.084.267 cada uno».

https://www.latercera.com/opinion/noticia/la-ciudad-la-furia/869519/

“El país prospera; el pueblo, aunque inmoral, es dócil”, escribía en 1829, contando sus primeras impresiones sobre Chile, Andrés Bello. Ese ha sido el contrato social implícito desde entonces: la clase dirigente hace prosperar el país, y el resto se mantiene dócil.

Las sociedades modernas se sostienen en un delicado equilibrio. Por más poderosos que parezcan el Estado y su fuerza represiva, dependen del respeto tácito al orden social. Si un día los ciudadanos deciden dejar de parar en las luces rojas, concurrir a sus trabajos o pagar el Metro, el sistema no se sostiene: no es posible tener a un carabinero en cada semáforo, cada cubículo y cada torniquete.

Para esa gestión existe la política: el sutil arte de escuchar las demandas ciudadanas y traducirlas en políticas públicas efectivas. Es la renuncia a esa gestión la que explica el “Santiagazo” que convirtió a la capital de Chile en una ciudad de la furia.

El jueves, cuando el malestar social arreciaba, el Presidente dio una entrevista al Financial Times, comparándose con Ulises por su estrategia para no escuchar los cantos de sirena: “Él se ató al mástil de un barco y se puso trozos de cera en las orejas para evitar caer en la trampa. La sirena llama. Estamos dispuestos a hacer todo por no caer en el populismo, en la demagogia”.

MÁS SOBRE VOCES

Perplejidad19 OCT 2019

Nuestra Rosa Parks19 OCT 2019

Antes, el ministro Monckeberg había sugerido entrar al trabajo a las 7.30 para llegar más rápido, y el ministro Fontaine, tomar el Metro a las 7.00 para evitar el alza. Cuando se registraban los primeros casos de evasión masiva, el Presidente Piñera calificaba a Chile como “un verdadero oasis en medio de esta América Latina convulsionada”.

Fue una protesta lenta, que subió en intensidad gradualmente, con muchos momentos para reaccionar. Pero no hubo más que dos respuestas: la tecnocracia y la represión. El panel de expertos define la tarifa, las Fuerzas Especiales la hacen cumplir. Planillas Excel y lumas, mientras la política permanece ciega, sorda y muda. A las 19.15 horas del viernes, el ministro Chadwick se limitó a amenazar con la Ley de Seguridad del Estado, sin una sola palabra sobre el fondo de las demandas. El día anterior, La Moneda ya había echado más combustible al fuego, al tratar la evasión de “delincuencia pura y dura”, y a quienes se manifestaban como “hordas” y “delincuentes”.

Esas palabras (“evasión”, “delincuentes”) tienen una carga pesada en Chile. La evasión surgió en 2007 como la primera grieta del contrato social ante el desastre del Transantiago. Miles de santiaguinos decidieron que, si la tecnocracia dirigente era incapaz de cumplir su deber (proveer transporte), ellos tampoco tenían por qué honrar su parte del contrato y pagar su tarifa.

Si el país no prospera, el pueblo se vuelve indócil.

La respuesta fue el Registro de Infractores, la mejor prueba del doble rasero de la clase dirigente, que publicaba una lista de la vergüenza con los evasores de pasajes, y al mismo tiempo justificaba y amnistiaba sus propias evasiones: las empresas zombis, los perdonazos de impuestos, las boletas ilegales y los paraísos fiscales. Esas evasiones no entran en ningún registro y se tratan con extremo cuidado en el lenguaje.

Desde el poder se cataloga de “delincuente” a quien evade un pasaje de 830 pesos, pero jamás se ocupará tamaña palabra para referirse a evasores como los estudiantes de ética Délano y Lavín, quienes evadieron impuestos por 857.084.267 pesos cada uno. Eso equivale a 1.032.631 pasajes; un trabajador que evadiera el Metro dos veces al día tendría que vivir 1.414 años para igualarlos.

Seamos claros: fue esa élite la que rompió el contrato social al consagrar su propia impunidad, y al hacerlo tapó la olla, subió el fuego al tope y se tapó los oídos para no escuchar cómo el agua entraba en ebullición. Para peor, el desprestigio permeó a instituciones como la Confech, que en 2011 había servido como catalizador de una protesta social que superaba con mucho el tema educacional. Sin ese cauce, el resultados son explosiones inorgánicas, sin pliegos de peticiones, vocerías ni negociaciones.

Y que estallan con violencia irracional. Qué paradójico que sea una empresa pública, símbolo de integración social como el Metro, la que pague los platos rotos del pillaje de grupos de vándalos. Y qué lamentable que parte del Frente Amplio y el PC , presas del infantilismo revolucionario, no sean capaces de trazar una línea clara entre el legítimo malestar social y el inaceptable vandalismo del lumpen.

¿Por qué ocurrió hoy, en octubre de 2019? Las planillas Excel otra vez quedan sin respuesta. Ni el costo del transporte, ni la inflación, ni el desempleo, ni los sueldos reales son peores que hace dos o tres años. Lo que ha desaparecido es el horizonte. Si Bachelet 1 y Piñera 1 fueron símbolos de cambio (la igualdad de géneros, la alternancia en el poder), Bachelet 2 y Piñera 2 agotaron el stock de esperanzas. Enterrada la retroexcavadora y sepultados los tiempos mejores, hace tiempo se incuba el ruido sordo de la falta de un proyecto país, de un camino al desarrollo, de una meta compartida que dé sentido a las penurias cotidianas.

Si el país no prospera, el pueblo se vuelve indócil.

Y la imagen final llegó con la fotografía del Presidente de la República cenando en un restaurante de Vitacura mientras Santiago literalmente estaba en llamas. Que la pizzería en cuestión se llamara Romaria confirió al asunto un aire a lo Nerón.

A medianoche, el fracaso de la política les entregó el mando a los militares: vaya déjà vu. De hecho, el único vocero competente en la noche de furia fue el general Iturriaga. Tras un día en que los políticos se disfrazaron de un discurso militarizado, fue un militar el único que al menos trató de empatizar con la bronca y el miedo de la gente y proveerles confianza y contención.

O sea, hacer política.

Volviendo a Andrés Bello. Cuando el país no prospera, cuando los horizontes en común se diluyen, cuando la clase dirigente se jacta de su impunidad, cuando el pacto social se rompe desde arriba, tal vez el pueblo deja de ser dócil.

Y cuando no hay política que encauce esa legítima indocilidad, el espíritu primitivo de la violencia se desata.

Lamentablemente es imposible insertar un cerebro en Piñera.

Mi Comentario a “la otra columna”: A la que llamaré “Nunca quedas mal con nadie” o “Primero como tragedia, luego como farsa”, Karl Marx.

Lo dicho a la primera columna es idénticamente aplicable.

A esta otra tan sólo alabaré su tono académicamente condescendiente: ¡Esa cita a Andrés Bello es una pedrada que mata dos pájaros! Me ahorró tener que hacerlo yo. Ahora Venezuela, retroactiva y proféticamente puede decirnos con todo orgullo: ¿Acaso te crees superior a mí? Al menos acá somos orgullosos y preferimos morir a vendernos, como putas.

TESIS FILOSÓFICA: Como siempre he dicho: En el momento de máxima expansión del propio quehacer es donde quedan desnudadas las limitaciones propias de todo quehacer. ¡Guau! ¡Parece trabalenguas para niños!

Es el mejor periodista, pero sólo es periodista y, por mucho que haga una acertadísima cita histórica, su comentario NO es histórico. ¿Cuál habría sido un REAL comentario histórico?

PIÑERA: EL ALLENDE DE LA DERECHA.

Antes que se enojen por lo que diré, respira hondo y compara LA FORMA de los acontecimientos, NO su contenido. Fijémonos en las acciones e inacciones de los grupos sociales e instituciones y el sentido contrapuesto de estas acciones.

Dicho esto, ambos son momentos de un Proceso Histórico del cual se ven, tanto ellos mismos, como sus partidarios, como su clímax; sin percibir, porque NO tienen cómo saberlo, que son su final y término, porque ignoran que la «sensibilidad social» cambia cada 45 años, 3 generaciones. Tema demasiado complejo para tratarlo ahora.

Piñera, por su propia inoperancia POLÍTICA se puso él solo en la misma situación que Allende en 1973: LA NECESIDAD DE LLAMAR A UN MILITAR A OFICIAR DE MINISTRO DEL INTERIOR. Con la salvedad de que sólo debe Restablecer el «orden» en las calles.

De haber cedido el primer día de Evasión de los pingüinos, habría desarmado la protesta social, al anular su demanda conyuntural. ¿Por qué dejó pasar esa oportunidad? ¿Había un plan previo de aprovechar la protesta, para exacerbar las posiciones y de esa manera aplicar una medida de fuerza?

En vez de bajar el precio del Metro, criminalizaron, una vez más, la protesta social, aumentó el fuego a la ebullición social, que venía acumulándose todas estas décadas neoliberales, porque demostró NO satisfacer las necesidades básicas ni cumplir las expectativas sembradas de «Desarrollo».

El Péndulo de la Historia volvió a girar, LA RUEDA DE LA FORTUNA a la cual se refería Daenerys Targaryen, se paró en su giro hacia la derecha y ha vuelto a ir hacia la izquierda. Piñera, como Allende, creyó que la inercia era eterna (contrariamente a la Ley de la Física) e intentó girar la tuerca un poco más en ese sentido, con el cobro del pasaje. Es interesante el contraste con Allende, quien planteó muchas reformas en poco tiempo. En este caso bastó un solo cambio, muy menor a la Reforma Agraria, la Escuela Nacional Unificada y el medio litro de leche, bastó para que estallara la sociedad.

A ambos se le pasó la mano.Ambos creyeron que todo iría como siempre y NO se dieron cuenta que el subsuelo social había cambiado y le recordaría otra Ley de la Física: A toda acción, corresponde una reacción.

El Proceso histórico chileno desde 1939, con los gobiernos radicales y Frei, había girado la Historia chilena a

La diferencia entre la Física y la Sociedad es que la energía potencial de esta reacción estaba acumulándose, de ahí la rapidez y fuerza arrasadora de esta reacción, como el estallido de un volcán o un terremoto.

Como Allende tuvo al Grandioso General Prats (¡Oh, General, Mi General! Por ti ondea la bandera), Piñera tuvo a Iturriaga. Sea dicho en honor a alguien que NO llevó a los manifestantes al Estadio Nacional, para torturarlos y desaparecerlos, que es lo que creí que pasaría, otra vez, de nuevo.

La única diferencia entre la inoperancia de Allende y de Piñera es que a Piñera los Poderes Fácticos NO lo quieren derribar, porque es un imbécil que se derriba solo y lo mantienen como su títere. Es el niño símbolo de la miopía de la tan manida “Clase Media” cortoplacista (CMC).

También piden su salida del Gobierno, pero, a diferencia de Allende, NO son los poderes fácticos, sino el Pueblo Llano, de ahí que NO se plieguen los militares, uno de los poderes fácticos que apoyan el régimen pactado entre Derecha y Concertación, porque les aseguró prebendas que carecen los ciudadanos comunes (régimen de trabajo acotado a 20 años y sistema de pensiones de reparto financiado por La Ley Reservada del Cobre, hace poco derogada y sin claridad cómo se reemplazarán dichos ingresos).

Por último: ¿La quema de supermercados se generalizará? De ser así: ¿Habrá saqueos masivos? ¿Esos saqueos causarán desabastecimiento? Esa sería la última analogía con el desgobierno de la Unidad Popular.

La Derecha, que había derrocado a un Presidente y destruido una República, con la excusa del desabastecimiento que ellos mismos provocaron; terminaría llevándonos a otra Dictadura y destruiría otra República, de consolidarse la intervención de las Fuerzas Armadas en este desgobierno. La Historia vuelve a repetirse, tal como dijo Karl Marx: Primero como Tragedia, luego como Farsa.

DESAFÍO IMPOSIBLE

Si quieren salir del atolladero, me ofrezco como Diputado Constituyente para crear el tan cacareado NUEVO PACTO SOCIAL. Sólo un Genio Filosófico-Histórico, como yo, podría sacarlos de este callejón sin salida en que nos metieron los Malditos Poderes Fácticos (MPF, para próximas entregas) en las sombras.

¡Y que el maldito Luksic NO se venga a hacer el inocente de las chacras! ¡Es el prinicpal responsable de esta mierda! ¡Tuvo el Poder, para hacer de Chile lo que se le antojara! ¡Financió al Maldito Duopolio Político (MDP)! Pero lo ocupó sólo para hacerse millonario. ¡Ese Maldito Cortoplacismo Economicista (MCE) es lo que nos cagó!

¡NO me compro su pescá podría de Filántropo al peo! Comprando a los imbéciles con asados, mientras destruye la Naturaleza y un pueblo entero con Pelambres. En Argentina lo mandaron a recoger sus venenosos relaves mineros y tuvo que traérselos a Chile, donde le perdonan todo! ¡Esa IMPUNIDAD es la que debe acabar o Santiago arderá cien veces más, hasta que aprendan!

Sólo alguien acostumbrado a la vastedad del Largo Plazo Histórico (LPH), es decir, toda la Historia de la Humanidad, sabe qué es lo que hay que hacer, para salir de las arenas movedizas en que los MPF nos metieron, ¡por güeones! Sí, la gente es cómplice de su propia esclavitud.

El Humo ocultó el Verdadero Incendio