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https://es.wikipedia.org/wiki/Indefensi%C3%B3n_aprendida

Estaba regresando a la pieza de la fétida pensión donde desvivo mi inexistencia, cuando en la esquina de P. Montt con Rawson, me senté a descansar un momento en el paradero de la plaza O’Higgins. Mis 45 años, son los 65 de una persona normal. Eso pasa cuando has vivido en la miseria varias décadas.

Con las piernas doloridas de tanto caminar y somnoliento, me apoyo en la baranda del asiento de cemento del paradero de microbuses, a unos 50 metros del Congreso Nacional. «Sólo 5 minutos, para recuperar el aliento y nos vamos antes de quedarnos dormidos en la calle».

Sorpresivamente un joven se coloca delante de mí y me pide una moneda, para comer. Le doy $100 el joven, con voy de «choro», se enoja por darle tan poco y metió sus manos en mis bolsillos, robándome 15 mil pesos que había sacado para comprar los pasajes en bus y otras cosas para el viaje con mi señora a Cartagena, para visitar la casa de Vicente Huidobro, en nuestras postergada Luna de Miel.

Lo más triste es que fue a tan sólo 50 metros del Congreso y en el preciso momento que estaba pasando una patrulla de carabineros que NO se percató del asalto y que NO se detuvo cuando le hice señas para que lo hiciera.

Primero fue un haitiano que me amenazó de muerte y me hizo la vida a cuadritos durante meses en la fétida pensión donde desvivo mi inexistencia y ahora este segundo robo a menos de 100 mts. del Congreso. Duele e irrita profundamente la indefensión a que estamos expuestos los buenos ciudadanos.

Como dije hace tiempo: Soy progresista, pero parece que Dios es nazi y quiere que apoye a Kast.