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Para EL Maestro de Maestros, porque ha sido mi maestro, nivel Papá Stark a Tony, yo me llamo Antonio y la Gran Invitada a esta fiesta: Con toda mi admiración: Sinsajo.

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Ingredientes Para Hacer un(a) Líder.

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Mucho se ha hablado sobre el liderazgo últimamente. Pareciera ser que en épocas críticas, como la que vivimos, todos otean el horizonte en busca de alguien que les solucione sus problemas de la manera más fácil e indolora. Una especie de Mesías terrenal. Pero el verdadero líder sabe que eso es iluso y contraproducente.

Por Skywalker Kósmiko

La psicología ha estudiado por décadas las biografías de los líderes más grandes de la Historia, tratando de resolver la eterna cuestión: el líder, ¿nace o se hace? Aquí van algunas propuestas para enriquecer el debate surgido a raíz del movimiento secundario que ha estremecido a la sociedad chilena, adormilada después de 35 años de neo-esclavitud.

Las últimas teorías nos sugieren que no es la lucha por el poder social lo que hace evolucionar a la humanidad. El líder es el catalizador de los sentimientos del grupo social y lo lleva al éxito; es la caja de resonancia de las necesidades de la tribu y encuentra el modo más eficaz de llegar a una satisfacción “aceptable” de dichas necesidades.

Daniel Goleman, el afamado divulgador de la teoría de la inteligencia emocional, en su obra «El líder resonante» establece una nueva concepción del liderazgo como «trabajo emocional», lo que hasta ahora había pasado inadvertido para los especialistas en psicología social. Junto a sus colegas Richard Boyatzis, experto en conducta de las organizaciones, y la psicóloga Annie McKee, descubrió que la inteligencia emocional puede explicar entre el 85% y 90% de las diferencias existentes entre los líderes sobresalientes y el resto de los mortales. «Es cierto, dice Goleman, que los requisitos mínimos necesarios para acceder al liderazgo tienen que ver con cuestiones ligadas al intelecto, la capacidad de tomar decisiones y las habilidades técnicas; pero no lo es menos que la excelencia depende de factores puramente emocionales».

Esta idea se basa en descubrimientos neurológico y psicológicos recientes. Por ejemplo, una de las habilidades características del buen líder es la empatía, es decir, la capacidad de conectarse con las emociones de los demás con el fin de satisfacer o crear necesidades, organizar tareas o, simplemente, de manipular. Básicamente se trata de reconocer la información no verbal que ofrece un rostro ajeno. De ese modo, sabemos si la persona que está frente tienen miedo, nos profesa afecto, siente indiferencia, está triste o alegre.

En una especie de efecto dominó, el líder da el disparo de salida emocional y el estado de ánimo, positivo o negativo, resuena de cerebro en cerebro por todo el grupo. Esa es la razón por la que una misma noticia produce reacciones distintas dependiendo de quién la comunique. Si una empresa ha obtenido beneficios y el líder natural de la misma informa de eso a los empleados, el efecto positivo sobre éstos será mayor que si el comunicante es un miembro de la compañía que carece del menor carisma. Es evidente que hay personas capaces de reconfortar a un grupo en tiempos de crisis, de dar consuelo a una familia en un funeral o de hacer reír más con los mismos chistes que otras. ¿Es ésa la clave del liderazgo? Podría ser, pero los psicólogos no saben a ciencia cierta cómo se consigue esa habilidad y, ni siquiera son capaces de discernir si se trata de una virtud aprendida o innata.

Algunas pistas.

Basta contemplar el juego de un grupo de niños en la calle o el patio de su escuela, para percatarse cuál de ellos ejerce el papel de líder y cómo el resto no puede evitar copiar constantemente sus comportamientos.

Para el psicólogo y pedagogo Howard Gardner, famoso por su teoría de las inteligencias múltiples (de las cuales la emocional sería tan sólo una), esta herencia primate (la imitación del líder) es el primer factor a la hora de explicar la naturaleza del liderazgo. Pero esto no quiere decir que seamos esclavos de la tendencia natural a ser dominados. Con el paso de los años y la educación aprendemos a establecer relaciones de grupo basadas en la cooperación y no en la dominación. «Pero quienes defienden la posibilidad de crecer sin la presencia de un líder ignoran la naturaleza humana», sentencia Gardner.

Los expertos en socialización saben que en los primeros años de vida es imprescindible establecer un vínculo seguro entre el niño y la persona que lo cuida. Este vínculo coincide con dos momentos fundamentales del desarrollo infantil: primero la autoconfianza, y luego el afloramiento de la autoconsciencia más el surgimiento de la sensación de identidad.

En los primeros dos años, la constante presencia de la madre o la persona que lo cuida, genera en el bebé la sensación de protección y ser querido tal como es. De esta manera se siente seguro e importante, confía en que lo que lo rodea es benévolo. Esta confianza en el ‘mundo’ que lo rodea, la persona que lo cuida, es una especie de ‘ahorro’ de autoconfianza para el futuro.

El segundo momento, al rededor de los siete años, el niño se percibe a sí mismo como una entidad separada del resto. Poco tiempo después, establece patrones de similitud y diferencia entre sus congéneres, es el comienzo de la creación de su propia identidad. Comienza a distinguir qué le gusta y disgusta de los demás, a imitar lo que le parece agradable y a tratar de modificar lo que rechaza: es la formación de una posible mente líder.

Los investigadores percibieron en los líderes una tendencia desde la más tierna infancia a asumir riesgos y una gran tenacidad, lo que denota altas dosis de confianza en sí mismos.

Por su parte, Gardner, detectó que la mayoría de los futuros líderes tienen una gran capacidad para expresarse, lo que implicaría una relación directa entre el desarrollo de las áreas lingüísticas del cerebro y el nacimiento de una “personalidad de capitán”.

Si revisamos la Historia, comprobaremos que grandes líderes han sido grandes lectores y todos ellos contaron, en algún momento de su vida con un maestro. El caso de Alejandro Magno es paradigmático: su mentor fue Aristóteles, el filósofo más importante de la antigua Grecia. Alejandro derrotó al más grande imperio de su tiempo con un pequeño ejército, en comparación al persa, y conquistó el mundo conocido en su época. Esto implica un tercer momento en la creación de un líder: la consciencia del “mundo” y sus ‘códigos’. El “maestro” o mentor es el encargado de ello.

Tal vez, con estas pistas, sea posible detectar o ‘crear’ desde edades muy tempranas los rasgos propios de la personalidad del líder para que no sea como decía Winston Churchill: «Los hombres famosos son con frecuencia el resultado de una biografía desdichada». En esa línea, Goleman ha propuesto a la comunidad científica una nueva formulación del liderazgo basada en la teoría de la inteligencia emocional. Ésta es su receta:

1.- CONSCIENCIA DE UNO MISMO.

1.1. Consciencia emocional: El líder está en contacto con sus sentimientos interiores y evalúa el modo en que afectan su capacidad de realización.

1.2. Autovaloración: Conoce sus puntos fuertes y sus debilidades. Sabe reírse de y criticarse a sí mismo.

1.3. Confianza en sí mismo: Se apoya en sus puntos fuertes. Se siente seguro de sí mismo y sus capacidades.

2.- AUTOGESTIÓN.

2.1. Autocontrol: Capacidad de encauzar y canalizar adecuadamente sus emociones. Sólo si es aceptado como ejemplo por su grupo, podrá liderarlo.

2.2. Transparencia: La expresión sincera de los sentimientos, las ideas y las creencias otorgan al líder credibilidad y capacidad de influencia.

2.3. Adaptabilidad: Afronta situaciones muy diversas sin perder la concentración, el entusiasmo y la coherencia de sus acciones.

2.4. Ambición: Este valor les confiere capacidad de plantearse metas elevadas y el impulso para lograrlas.

2.5. Iniciativa: El líder no espera a que la oportunidad llegue a su alcance, la busca y toma decisiones antes que nadie.

2.6. Optimismo: Una de las funciones más importantes del líder es generar espacios de entusiasmo entre su equipo.

3.- CONSCIENCIA SOCIAL.

3.1. Empatía: Capacidad para conocer los sentimientos del otro a través de las señales de comportamiento.

3.2. Consciencia Organizativa: El líder se mueve como pez en el agua en el grupo. Sabe detectar las redes que se tienden entre los empleados y situar a cada cual en la posición jerárquica donde sea un mejor aporte al grupo.

3.3. Servicio: Sabe que su posición de mando es un servicio, por lo que su función es ofrecer una idea, un proceso, en fin, una solución. De él depende el buen funcionamiento del grupo.

4.- Gestión.

4.1. Inspiración: El líder no sólo es una persona inspirada y brillante, sino que favorece la creatividad de todos los miembros del grupo.

4.2. Influencia: Su capacidad de persuasión y su habilidad para rodearse de los mejores colaboradores y encontrar apoyos en cada iniciativa lo dotan de grandes dosis de influencia social.

4.3. Desarrollo Personal Exógeno: Se preocupa por la carrera de sus subordinados, por su desarrollo y por la satisfacción de sus necesidades intelectuales.

4.4. Cambio: El líder cataliza el cambio social. Él es el primero en modificar su conducta en tiempos de crisis.

4.5. Gestión de Conflictos: En caso de conflicto, su presencia tranquiliza las partes en disputa y facilita su resolución.

4.6. Trabaja en Equipo: El líder no es nada sin el grupo. Él sabe que su propio desarrollo personal (y el de todos los miembros del grupo) depende del trabajo en común.

Hemos podido ver como el nuevo paradigma del líder substituye al enunciado por Harry Truman (el presidente de los EE.UU. que ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaky): «Líder es aquel que tiene la capacidad de conseguir que otras personas hagan lo que no quieren hacer y les guste». El nuevo paradigma podría enunciarse de la siguiente manera: «Líder es aquella persona que consigue que los demás, por sí mismas, logren lo mejor de sí y que lo pongan al servicio de la comunidad, de la manera más eficaz».

Como puedes ver, estas dos frases encierran concepciones del ser humano diametralmente opuestas. Lo que subyace a cada uno de estos paradigmas son, básicamente, el control y la libertad. El primero se basa en la imposición de deberes, por parte del líder y la organización creada por él, a los demás, para los fines que el líder estime convenientes, no necesariamente los mejores para todos. El segundo propicia el autoconocimiento y autodeterminación de las personas con un fin trascendente a sí mismas, que resulta ser común: servir a la comUNidad.

En el primero, el poder es entendido como coacción y dominación, en el segundo el poder está más cercano a la iluminación y el desarrollo interior de las personas y la sociedad. En el primero, la emoción predominante es el miedo, en el segundo, el amor. El mundo, en estos momentos, se debate entre ambos paradigmas. Dependiendo cuál de ellos sea el aceptado mayoritariamente, será el futuro de la Humanidad.

Citando al biólogo chileno Humberto Maturana: “Cada vez que en la historia de un conjunto de elementos se conservan ciertas relaciones, se abre espacio para que todo lo demás cambie en torno a lo que se conserva. Así surgen los linajes, ya sea como familias en la conservación generación tras generación de un apellido, o como clases de seres vivos en la conservación generación tras generación de un modo de vivir a través del vivir de los hijos”.

¿Qué determina lo conservado y lo cambiado?

El mismo Humberto nos aclara la duda con la Segunda Ley de la Biología: «El curso que sigue la Historia de los seres vivos es guiada, momento a momento, por los deseos, las preferencias, los gustos».

Con otras palabras, el viejo Ortega y Gasset ya nos decía en un ensayo-crónica de viaje: “Ha cambiado mucho el mundo y sobre todo el núcleo del mundo que es nuestro corazón. A las pequeñas variaciones de inclinación que este aparato cordial sufre, corresponden los cambios más gigantes en la perspectiva universal”.

Deseos, preferencias y gustos radican en lo que comúnmente llamamos corazón. Primero la filosofía y ahora la biología han dirimido la secular pugna entre emociones e intelecto, corazón y cabeza a favor del primero. Como dijo Blaise Pascal: ”Hay razones del corazón que la razón no entiende”. Estas son las más importantes.

¿Cómo? Gracias a la voluntad, la cual al elegir cotidianamente un estilo, lo socializa, lo hace ‘popular’. La verdadera pregunta es: ¿Cuál es tu tipo de liderazgo ‘favorito’?

Como puedes ver, sólo depende de ti, convertirte en uno y hacer de tus hijos los futuros líderes.

In lak’ech (yo soy otro tú)

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