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Para mi única fan.

Inspirado en esta canción.
En los comentarios está la historia completa de quien inspiró esta canción.

“Si pudiéramos volar tan alto que ya no quedara

nada del mundo que nos llevó a volar, entonces

el viaje ya no interesaría».

El Flaco Spinetta.

Se equivoca el Flaco, NO es el viaje el que dejaría de interesar, sino la vida misma, de la cual El Viaje es una de sus analogías arquetípicas, inmemoriales, sapienciales. Es más, lo importante tampoco es que nos deje de interesar, sino que deja de ser viaje, porque pierde todo referente, se queda sin contexto, es decir, sin sentido, contradiciendo la propia definición de viaje.

Los Tres vértices del Viaje

¿Qué es viajar?

Podría decirse que ir de un lugar a otro lugar, pero resulta que cualquier movimiento NO es un viaje. Ir a comprar pan al boliche de la esquina NO calificaría como un viaje, a menos que algo inesperado ocurriese.

El peligro es la nota distintiva que diferencia un viaje de un simple desplazamiento. La probabilidad de peligro aumenta con la distancia, pero NO necesariamente. En una zona en guerra, ir a comprar pan al boliche de la esquina puede implicar riesgo mortal, como en una ciudad sitiada, por ejemplo, Sarajevo en los noventas. En esas circunstancias cada desplazamiento por la ciudad es un viaje digno de ser rememorado a la hora de la cena.

Dicho lo anterior, ¿por qué emprender un desplazamiento en el cual se arriesga la vida? El avión se puede caer; el barco se puede hundir; el tren, descarrilar; el bus, chocar, volcar e incendiarse, como varias veces ha sucedido en Chile.

El Viaje es una Realidad emocional, como todo lo real en la vida humana. Sólo una emoción muy poderosa puede motivar poner en riesgo la propia vida. Como todo en la vida, si NO emociona hasta las lágrimas, NO es Real, sino reality shos.

Un Verdadero viaje nace de tres poderosas emociones, que pueden o NO combinarse: Buscar, Huir, Decepcionarse.

El Viaje como Búsqueda

La Figura del Peregrino. Es aquel que, montado en un presente profano (ha profanado la Sacralidad), desea retornar a lo Divino y persigue sus huellas a través de la intuición. Esto lo lleva a dar tumbos y caer en las diversas trampas que los profanadores de cunas han tendido para todo aquel que Recuerda-Presiente que hay más que lo que muestran y que ese más está en aquel lugar específico al que quiere ir, porque le han dicho que allí encontrará eso que tanto busca: El Zentido de la Vida.

Ese es el viaje arquetípico, del cual el mero turismo es su forma profana. Cuando en el siglo pasado alguien soñaba un viaje, París era el Destino más solicitado. ¿Por qué? Porque había un anhelo de adquirir cultura y glamour, con el cual regresar vestido a su humilde pueblo (toda ciudad que NO sea París o Florencia es mero pueblo). El Viaje de los Argonautas, tras el vellocino de oro, es el mito que mejor describe el deseo detrás del turismo: ir, descubrir el tesoro perdido y traerlo a casa. El tesoro del turismo son souvenirs y fotografías.

El Viaje como Huida

La figura del Emigrante (tan de moda) y Exiliado, que tanto me identifia, porque me echan de todas partes, porque ninguna es mi Hogar y hasta el supuesto hogar nunca lo fue. NO creo que sea necesario ahondar en esta motivación, ya que el riesgo de la vida está en la raíz misma de dicho viaje: Es más peligroso permanecer en el lugar que se está, que en el otro lugar al cual se desea llegar. Incluso si el viaje implica peligro de muerte (las noticias de la muerte de sirios al volvarse los botes en que cruzaban el Mediterráneo aún están frescas en mi memoria), este riesgo es soportable en cuanto es potencial y es posible sortearlo con inteligencia y preparación. Es más fácil sortear una ola que una bala, a menos que seas Neo.

En ambos casos, podríamos hablar de “el sentido duro” de la noción de viaje, ya que en ambos los referentes los “claros y distintos” (parafraseando a Descartes). El viaje inicia con el deseo o necesidad de ir de un punto a otro. Pero, ¿qué pasa cuando el viaje NO tiene un punto de llegada, sino tan sólo de salida? Esto nos lleva inevitablemente al tercer estadio evolutivo del viaje.

El Viaje como Vag(c)ancia

Para más detalles acerca de la figura del Vago, los remito al ensayo del Pepe, el Viejo (Ortega y Gasset), Ideas sobre Pío Baroja.

El Vagabundo sale del lugar donde ha nacido, que es lo único que conserva de viaje su desplazamiento. Pero en su motivación difiere, ya que NO tiene la intención de llegar a un Destino específico, porque cualquier lugar le da lo mismo, porque la vida misma ha perdido todo sentido. La decepción esencial de la vida, ante cualquier sistema de vida, de orden social es lo que motiva a NO asentarse jamás en lugar alguno. Esta motivación negativa que contrasta con las anteriores, que nacen de querer, desear ir a un lugar, acá es la de NO soportar estar en lugar alguno, porque todos son igualmente desagradables. Si para en algún lugar es por cansancio, para seguir errando, a la menos señal de problemas.

La diferencia con la vida nómade, es, precisamente emocional-mental: el nómada siente el Mundo entero como su hogar. Ir de una región a otra, para ellos, es lo mismo que para nosotros ir del dormitorio al comedor o el “living”. Mientras que el vagabundo siente asco y desprecio por todo, el nómada lo Ama todo, por eso su deseo de vivirlo todo.

Para el vagabundo, la vida es un peso insoportable, por eso que en él, el movimiento de huida llega a su máxima expresión. De tanto aborrecer el punto del que ha salido, y de NO ver un Destino deseable, ya que todo es lo mismo, pierde todo referente, anulando el sentido de viaje. Peor aún, anula el movimiento mismo: ya que cualquier lugar del Universo es igualmente gris, aburrido, asqueroso y opresivo, es inútil ir de un lugar a otro.

Vagabundear es el movimiento inmóvil, al carecer de puntos de referencias. Eso ya lo decía Einstein acerca de observar un fotón en el vacío: ¿Podemos decir que se mueve si NO sabemos de dónde hasta dónde?

Es el movimiento en el pleno vacío, ya NO puede hablarse de viaje, puesto que, como dijimos al comienzo, viaje NO es un mero movimiento del cuerpo o la mente o el alma o el conrazón, sino un movimiento REFERENCIADO. Es decir, que tiene un marco conceptual al cual referir su movimiento, el cual le confiere Zentido: Partida y Destino.

En ese tercer estadio del viaje, al que podríamos llamar “cuando el viaje se extiende más de lo necesario”, cuando traspasa “el punto de NO retorno” sucede lo descripto por Spinetta: “Él estaba cansado de la Argentina, pero se dio cuenta de que no podía transformar nada estando en la soledad del espacio. Querer modificar todas esas cosas le resultó una tarea imposible estando solo. Empezó a sentirse triste y melancólico. Finalmente quedó errando en el espacio”.

CONCLUSIÓN:

Ese “Viaje Sobreextendido” (a raíz del corte del cordón umbilical que nos ata al lugar donde nacimos) sólo termina si los dioses crean una Kaoru. Único cordón umbilical con el Nuevo Mundo para el destrozado (por haber destruido el viejo mundo para crear el nuevo) Kenshin, el ronin de los ronin. También puede ser que la sobre extensión misma del viaje, corte el cordón. ¿Recuerdas cuáles son los mitos que solucionan este NO-viaje?

1.- La Odisea: Odiseo tiene a Penélope. Cuando la recuerda, escapa de Circe y Calypso, las seductoras.

2.- El Laberinto: Ariadna le da a Teseo el hilo que le había recomendado Dédalo, para que pudiese salir del laberinto, porque de otra manera, se perdería para siempre, como el Capitán Beto. En Chile tenemos una frase para esa situación: “Más perdido que el teniente Bello”.

Al final de la historia del histórico, «concreto» Capitán Beto, encontraron sus huesos, los cuales fueron identificados por el anillo de bodas, con el nombre de su amada. Ese fue el hilo de Ariadna que nos lo trajo de vuelta, después de 15 años perdido en el más allá. La historia completa está en los comentarios al video del comienzo.

NOTA: Alejandro Bello. El teniente 1.º Luis Alejandro Bello Silva (1889 – 1914) fue un aviador chileno que se extravió en 1914, mientras efectuaba una prueba necesaria para obtener el título de piloto militar.

Acá el temazo, para acompañar a los, ¡capitanes, oh, capitanes de mi kokoro!