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Alguien, en uno de esos grupos banales y superficiales que pululan en las redes sociales, preguntó: ¿Cuál es la parte más íntima de una persona?

Banales y superficiales respuestas…

¿Qué es la esencia? ¿Qué es la personalidad? ¿Qué es la realidad subyacente en el inconsciente?

NO hay tal esencia…

La personalidad tan sólo es la carcaza del alma.

El inconsciente se caracteriza por ser colectivo, tal como demostró Carlitos Gustavo, así que NO es “parte” de la “persona”, sino que la persona es parte de ese colectivo.

En el inconsciente hay arquetipos, pero uno NO es un arquetipo, tan sólo los encarna defectuosamente.

¿Sus secretos? ¿Quién decide que es secreto y qué NO?

La personalidad, otra vez el círculo vicioso.

La parte más íntima del Ser Humano (persona=máscara) es su alma, porque allí arranca su individuación (el proceso que la va distinguiendo progresivamente del colectivo inconsciente que llamamos sociedad), de ahí que allí aniden los afectos, la consciencia y la voluntad de ser.

Esa es la razón por la cual la alma puede perderse, cuando las decisiones dejan de ser tomadas por ella y cede su albedrío a otro ser, porque lo que te hace tú mismo es tu decisión de ser tú mismo.

Si decides ser otro, que otro decida por ti, ya no eres tú, por lo tanto, pierde justificación tu existencia individual.

De ahí que las religiones hablen de ir al infierno o al paraíso, perder o ganar el alma.

Ambos procesos tienen su respectivo nombre: alienación o individuación.

Cada uno elige en cual de estos procesos embarcarse. Son excluyentes y antagónicos.

Los alienados siempre odiarán a los individuados, porque los segundos siempre brillan, aún en medio de la oscuridad.